Blog de Anoia

8 meses sin tabaco...

Imagen de Anoia

Anoia

28/12/2018

...y dos con el café bajo mínimos, mi idea de bombero en noviembre, cuando el cigarro parecía controlado pero la cafeína iba en aumento. Me he vuelto muy sensible a cualquier indicador de adicción y veo que aún tengo que esforzarme para no llenar viejos vacíos con nuevos excesos (café, chocolate, comida en general) o actividades huecas (jueguitos del móvil, pasatiempos, tontear por internet), que están bien para entretenerse un rato, pero son como los dulces, que no llenan ni nutren y además tienden a ocupar el espacio de otros alimentos necesarios. Así que, aunque no es en absoluto como dejar el tabaco (dolor de cabeza, nerviosismo y mucho, mucho sueño) el síndrome de abstinencia de la cafeína sí ha desencadenado una especie de flashback de los primeros meses sin fumar.

Entro en esa fase que algún forero llamó "de desencanto", porque ni he conseguido conservar todos los cambios que introduje en mi vida mientras lo dejaba, ni me siento ya una semidiosa émula de los mismísimos trabajos de Hércules. Por todo ello quizás no soy la mejor animadora, pero como se han incorporado "nuevas generaciones" y seguramente muchos os planteáis dejarlo el uno de enero, me siento en la obligación de ofrecer algunas palabras:

Lo obvio, pero que uno nunca se termina de creer: se puede. Esta web esta llena de testimonios que lo demuestran. Llevo ocho meses sin fumar después de 22 años haciéndolo, lo he dejado a la primera, sin parches, medicación ni sistemas alternativos; me ayudaron el conocimiento y la experiencia compartida que podéis encontrar aquí y en otras webs, la búsqueda continua de recursos personales para afrontarlo, el apoyo de personas cercanas y, quizás, animarme en un momento apropiado (no el momento, no hace falta esperar a que venga el fantasma de las navidades futuras) cuando me empezaba a preocupar por mi salud a largo plazo y estaba cansada de "controlarlo" y jurarme que ya lo dejaría del todo a los cuarenta.

No os voy a mentir, no es fácil, parece eterno a veces pero, visto objetivamente, el tiempo que tardas en recuperar cierta normalidad es mínimo en comparación con todos los años que hemos fumado. La mejora no siempre es gradual, habrá picos y valles, basta con asumir que esto es así y no significa necesariamente que estemos "haciéndolo mal". No hay que abandonarse a la autocompasión (cómo sufro, cuándo se acabará esto, por qué a mí me cuesta tanto y a otros no, etc.) pero tampoco engañarse o sucumbir a ideas preconcebidas: que si por mis cojones, que esto es así o asá porque lo leí en un libro o me lo dijo la bruja Lola, que si se pasa mal x días, se sufre toda la vida o no se sufre en absoluto, que es imposible recaer porque ahora lo llevas bien...

La lectura de los blogs, en todo caso muy recomendable, puede dar la falsa impresión de que esto es o fiesta permanente o sufrimiento interminable; o que si te identificas más con algún usuario que no lo consiguió significa que tú tampoco lo harás. Hay que entender las bitácoras personales como lo que son, diarios destinados a hablar de aquello que nos afecta en relación con el tabaco y buscar apoyo en horas bajas; no es habitual ponerse metafísico cuando te sientes el rey del mambo. Casi parece que fuera incompatible disfrutar de la vida "ahí fuera" y venir aquí a contarlo.

Noto también que los que aterrizamos con el gusto de darle a la tecla ya adquirido tendemos a la introspección, al drama queen o, los más cerebrales, a intentar racionalizar lo que desgraciadamente es irracional. En eso nos convierte la adicción, seres irracionales, incapaces de pensar con claridad sobre nuestro propio comportamiento autodestructivo, arrastrados o por la negación o por la culpa. A largo plazo es imposible ganar contra uno mismo, por eso es importante aprender a negarnos la batalla, cambiarnos de tema, aligerar la azotea, ser incluso más "superficiales" por un tiempo, o dedicar nuestras neuronas a aquello que nos aporte verdadera satisfacción intelectual y no frustración emocional.

Pero cuando se está a punto de dejarlo toda esta información está de más, porque sólo hay un obstáculo real, único y enorme: el miedo. Miedo a no poder, a no saber, a ser débil, a que sea demasiado tarde, a que no sirva para nada, a que no nos entiendan, a cambiar, a resultar menos atractivos, interesantes, duros, rebeldes, graciosos, alternativos o bohemios, a convertirnos en el sosainas timorato que no hace nada peligroso, el borrego que sigue a la masa, el runner vegetariano obsesionado con la salud o, horror de horrores, el temido "exfumador talibán" que te da la chapa para que lo dejes. Miedo a que nada vuelva a ser lo mismo, miedo, en definitiva, a perder algo a lo que nunca debimos dar el poder de conformar nuestra identidad.

Para ellos este fragmento de la novela Dune, muy apropiado para la ocasión, la "Letanía Bene Gesserit contra el miedo":

No conoceré el miedo.
El miedo mata la mente.
El miedo es el pequeño mal que conduce a la destrucción total.
Afrontaré mi miedo.
Permitiré que pase sobre mí y a través de mí.
Y cuando haya pasado, giraré mi ojo interior para escrutar su camino.
Allí por donde mi miedo haya pasado ya no quedará nada, sólo estaré yo.”

6 meses

Imagen de Anoia

Anoia

26/10/2018

Hola a todos,

hace más de un mes que no escribía por aquí aunque entro mucho con el móvil para leer los viejos blogs, pero ayer cumplí 6 meses sin fumar y quería dejar unas palabras para los que se van incorporando.

Qué decir, pues mucho y poco a la vez: fumar ya no forma parte de mi rutina, ni lo veo en mi entorno, ni me entristece no hacerlo, pero queda aún esa sensación de estar esperando a que ocurra "algo" y al mismo tiempo el convencimiento de que, sea lo que sea ese "algo", no consistirá en fumar.

Desde que lo dejé he pasado de todo: ansiedad, irritabilidad, tristeza, depresión, confusión mental y hasta conflictos de identidad; no han sido estados sucesivos, sino que vienen y van, juntos o por separado, como una montaña rusa emocional, pero todos ellos han tenido en común que mientras los vivía creía que durarían para siempre. No importaba cuánta gente repitiera una y otra vez que aquello era temporal, yo era distinta, yo pertenecía al club de los sufridores y debía volver a fumar o resignarme a que el resto de mi vida estaría así de jodida por haber fumado. Como quien coge una gripe fuerte y ya está casi firmando el testamento. Ahora os lo puedo decir, a vosotros y a mí misma: es temporal.

He engordado unos cinco kilos; curiosamente los controlé mejor al principio con mucho ejercicio, pero ahora "se acerca el invierno", se va la luz, se va el calor y cuesta mantenerse en movimiento. Me he apuntado a clases de baile, mi asignatura pendiente desde hace muuuuchos años, y aunque muero de vergüenza por mi torpeza,ya es más de lo que nunca había hecho para mejorar. No es que ahora haga más cosas -que sí las hago- ni me haya vuelto más capaz -no lo soy-, pero he interiorizado al fin lo que todos sabemos: que caminar es poner un pie delante del otro y para hacer algo primero hay que intentarlo, no un día, ni dos, ni tres, sino durante mucho tiempo. Que eso que llamamos voluntad no es sino una combinación de constancia para hacer y paciencia para no hacer, y todo lo demás -el deporte, las infusiones, los diarios eternos, los foros y respiraciones-, son simples "quitamiedos" para no pasarnos el viaje mirando al precipicio.

Quizás lo que peor sabor de boca me deja es que, después de haber leído tantas cosas sobre el tabaco, tantos testimonios, artículos científicos, libros y métodos, sé lo mismo que al principio: hay unas fases comunes -las del síndrome de abstinencia- pero después a cada uno le afecta de distinta manera porque todo es mental, TO-DO, y eso lo hace mucho más terrible, porque de cómo funciona la mente no tendremos ni puñetera idea,  pero en manipularla para autodestruirnos somos cum laude. No existe ningún "monstruito", ni enemigo interior, ni nada; ¡el mono eres tú!

Sobre la famosa motivación, vale, sí, hay que "querer dejarlo", pero tampoco tiene que estar escrito en piedra. Yo pasé mucho tiempo "queriendo dejarlo sin querer dejarlo", es decir, quería no tener ganas de fumar para así dejarlo de una vez. De ahí lo de reducir y controlar el consumo. Pero cuando sentí que había llegado a una vía muerta y apenas me empezaba a plantear el abandono total busqué información unos pocos días y me lancé irreflexivamente.

El convencimiento vino con el propio proceso de abandono, porque ahí comprendí lo que significa ser adicto a una droga, que no es sólo echar de menos lo que te aporta como sustancia, o la dependencia física, ni siquiera el hábito o dependencia conductual, sino lo que te quita, la capacidad de estar en paz dentro de tu propia cabeza, de ser feliz o infeliz en tus propios términos. Porque el tabaco no sólo nos esclavizaba cuando fumábamos -lo que ahora vemos como evidente-, sino que lo sigue haciendo mucho después, cada vez que le damos demasiadas vueltas al tema y tenemos que esforzarnos para no fumar. No permitir que el cigarro nos anule ni condicione nuestra vida una vez lo dejamos es la verdadera "larga marcha", y en ese camino andamos.

19 semanas

Imagen de Anoia

Anoia

06/09/2018

Tal y como imaginaba agosto ha sido algo puñetero. He descubierto con este mi superpoder olfativo que no me molesta ni el humo de los puros -antes odioso- aunque me he vuelto extremadamente sensible a la contaminación del tráfico.

Ningún problema para salir y beber, pero el terraceo con fumadores -tabaco y mechero sobre la mesa- ha sido raro, raro, como si nunca lo hubiera dejado, como si me encontrara casual y momentáneamente sin cigarro y en cualquier instante pudiera coger un pitillo con toda naturalidad. Cuenta Rebeca en su diario que a veces se olvidaba de que ya no fumaba y sufría un pequeño shock al recordarlo. Yo no lo podía creer, ¿cómo es posible, si no pienso en otra cosa? Pues sí, cuatro meses de "no fumo", "no quiero fumar", "qué bien que ya no fumo" y a la que te despistas, o quizá cuándo al fin te relajas, la cabeza vuelve al modo por defecto de dos décadas.

Tengo claro que si alguna vez caigo será una decisión consciente, comprando hasta el mechero, nada de robar caladas o pedir un cigarro, planteamiento que ha sido muy útil durante mis dos crisis del mes:

La primera surgió tras un problema familiar reincidente, de esos frustrantes porque la solución no depende de ti. Mientras rumiaba mi impotencia me imaginaba de camino al estanco, de vuelta con todo el pack, liando y fumando uno tras otro, dejando morir las horas ahumada... un acto de flagelación inútil que solo ocurrió en mi cabeza.

La segunda ocasión me enfadé con mi marido en un concierto y quedé sola en medio del público, echando humo, pero sin cigarro. La bronca se arregló rápido, pero del intervalo me salvó mi vagancia: para llegar al puesto de tabaco debía atravesar la multitud y me daba taaanta pereza. Ni siquiera quería fumar para relajarme, no... ¡para fastidiarlo a él!: "Bah, total, me fumo uno y que se joda". Esta adicción te deja idiota

A veces creo que de joven no aprendí ciertas cosas y de ahí estos automatismos mentales. Todo se arreglaba con el cigarrito y, claro, ahora

  1. No sé gestionar la ansiedad
  2. No sé gestionar la ira
  3. No sé gestionar el aburrimiento
  4. No sé gestionar la frustración

Intento aprender a manejar estas situaciones, a "saber hacer" además de "no hacer" y, ante la duda, me aferro a mantras ajenos: no me doy permisos, hago del abandono mi prioridad absoluta y lo concibo como un acto de puro amor propio, porque yo, mis niños, no tengo abuela: me quiero, me adoro, me compro un loro... y no fumo.

Biblioteca tabaquil: Neurociencia y adicción

Imagen de Anoia

Anoia

26/07/2018

Durante el primer mes me dediqué a leer todo lo que caía en mis manos sobre tabaquismo y con el tiempo he ido formando una bibliografía bien maja que quiero ir compartiendo por aquí. Aviso desde ya que con frecuencia hay contradicciones entre los distintos documentos, he intentado buscar siempre la información más reciente y con respaldo científico, aunque, pese a la ingente investigación empírica sobre adicciones, especialmente con alcohólicos, parece que aún andamos en pañales.

Hoy traigo un documento de la Sociedad española de toxicomanías (2011). Neurociencia y adicción. Conjunto de artículos sobre la adicción (tabaquismo incluido) desde la perspectiva de las neurociencias, que considera que se está produciendo un cambio de paradigma en la concepción de los fenómenos adictivos. Interesantísimo el capítulo 8, "Recuperación de la adicción: perspectiva neurológica y neuropsicológica". Cito (las negritas son mías):

Contamos con evidencia empírica sobre alteraciones estructurales [41-45], metabólicas [46] y vasculares [47], que pueden estar relacionadas con los sustratos biológicos de la adicción. Sin embargo, los déficits y las vías implicadas en la adicción a sustancias son esencialmente las mismas que participan en adicciones sin sustancias (p.e. [48]), pero también en otras manifestaciones comportamentales como el enamoramiento romántico, el apego parental y el arousal sexual, entre otras [...] Algunos autores proponen recientemente que las vías que regulan los estados emocionales asociados al craving en la cocaína son los mismos que regulan las emociones negativas vinculadas al rechazo amoroso [53]. En la misma línea, la propuesta de Bechara [54] sugiere que la adicción es el producto de un desequilibrio en la interacción de dos sistemas neurales implicados en la toma de decisiones: un sistema impulsivo - la amígdala para señalar el dolor o el placer como perspectivas inmediatas - y un sistema reflexivo - la corteza prefrontal para la señalización de las consecuencias a largo plazo -, y cuya alteración se traduce en una pérdida del control sobre la voluntad. Esta formulación pone en duda la idea de adicción como enfermedad cerebral, salvo que sea también considerada como tal el enamoramiento, teniendo en cuenta el amplio paralelismo entre ambos.
[...]
Existe evidencia científica para desestimar un enfoque meramente biologicista de la adicción, sustentado en el modelo médico de enfermedad. En las páginas precedentes se ha efectuado un recorrido por la investigación científica, que muestra: (1) la remisión, el abandono del consumo, la recuperación o la extinción de la conducta adictiva es posible; (2) que esta recuperación puede ser, y de hecho es, en la mayor parte de los casos espontánea, sin requerir tratamiento médico o psicológico; (3) que la recuperación es la vía más probable de evolución de la adicción.
A la luz de estos hallazgos, el concepto de adicción puede ser considerado una alteración, en gran medida reversible, del funcionamiento cerebral, que implica prioritaria, pero no exclusivamente, al cortex frontal. Cada sustancia presenta características propias en relación con las alteraciones cerebrales asociadas, pero ello no puede atribuirse en exclusiva a factores farmacológicos (las alteraciones neurobiológicas no requieren el uso de sustancias, p. e., adicción a Internet, al móvil o al juego), sino que deben tenerse en cuenta los condicionantes ambientales, la consideración legal de cada sustancia, las imágenes sociales sobre cada una de ellas, la subsiguiente presión diferencial para el abandono del consumo, factores nutricionales vinculados al abuso de sustancias y el estrés asociado, como causa y consecuencia, al proceso adictivo.
[...]
Algunos autores han denunciado el hecho de que casi la totalidad de la investigación sobre adicciones se ha centrado en los aspectos vinculados a la patología, pero muy pocos se han interesado en los procesos de recuperación. Así, White [101] estima que un cambio en el foco de atención de los investigadores y los políticos, desde lo patológico hasta la recuperación de la adicción, representaría un cambio de paradigma del que podrían beneficiarse los afectados, [...]

Son documentos orientados a investigadores, así que el lenguaje puede ser un poco árido, pero hay cosas realmente interesantes. Se puede descargar en pdf en este enlace: Neurociencia y adicción

Ya tienen lectura para el verano MacBook Air

Tres meses y preparando el veranito

Imagen de Anoia

Anoia

25/07/2018

En unas horas cumpliré tres meses y puedo afirmar que fumar ha desaparecido completamente de mi rutina; como no tengo tabaco en mi entorno es mucho más fácil olvidarlo. Pese a todo aún hay ocasiones en que pienso "esta es una situación en la que antes habría fumado", y si me empeño en agarrar esa idea me invade la melancolía, pero hay en ello cierta voluntariedad y complacencia en la autodestrucción, como rascar la costra de una herida que aún no ha terminado de curar, aún sabiendo que no debemos. Sigo entrando a diario para leer los viejos blogs, siempre encuentro alguna reflexión interesante, pero me pregunto si no debería intentar olvidarme definitivamente y escribir sólo para celebrar alguna fecha señalada.

La ansiedad y los problemas de concentración no han desaparecido, sí noto mejoría, pero muy, muy lenta; ya no me duele tanto la mandíbula, que sigue algo tensa; mis sesiones de estudio son más largas. No sé a quién leí que esto era como un huracán, el mono físico pasa rápido, pero los daños que causa permanecen más tiempo. Si hacen falta años para recuperar los pulmones y el corazón, no veo por qué iba a ser distinto para las funciones cognitivas (memoria de trabajo, control de la impulsividad), que ya no carburan solas sin nicotina. Otras drogas te fríen los sesos para siempre.

Las diferencia con el segundo mes es que ahora pensar en fumar para arreglar esos problemas está fuera de mi esquema mental, de la misma forma que no se me ocurriría beber Whiskey o fumar canutos si tuviera problemas para dormir, y eso que hablamos de drogas que 1. Dan sueño 2. No me han causado adicción hasta la fecha. Como no soy adicta no pienso en ellas antes que en tomar una valeriana o un vaso de leche caliente.

Otra curiosidad: vuelve a apetecerme mucho más tomar café, que me había estado quitando los últimos años. La cafeína es adictiva y yo tomaba mucha; para mí un día sin café significa un dolor de cabeza horroroso. Ahora sólo bebo "uno" (una cafetera de tres tazas) por las mañanas , pero últimamente siento el tirón después de comer, o incluso por la tarde-noche. Algo me está diciendo el cuerpo. En fin, una cosa cada vez.

Le he dado una nueva oportunidad a la meditación; en vez de agobiarme con si la hago bien o mal me la planteo a mi manera, en su sentido más literal de "pensar". Nada de vaciar la mente o contar respiraciones: me siento con la espalda recta, cierro los ojos y durante 20 minutos dejo que las ideas vayan y vengan a su aire, sin intentar moldearlas o darles un orden, como si viera pensar a otro. A veces termino más relajada, otras no, porque algún recuerdo me trae emociones muy intensas. En cierta manera reemplaza al cigarro en una de sus viejas funciones: el momento de reflexión en soledad, igual que este diario.

Como digo, fumar ya no pertenece a mi vida cotidiana; el problema es que ahora viene todo un mes de "no cotidianidad", voy a España y la excepción será la norma, seguiré estudiando pero tendré mucho tiempo libre, mucha playa, mucha terraza y muchos fumadores cerca, así que recupero la estrategia inicial y planifico las contingencias:

  1. Visualizaciones: Me imagino de forma realista las situaciones en que pienso que me apetecerá un cigarro pero no fumo (esto lo saqué de la web de una psicóloga con consejos para relajarse y afrontar los miedos).
  2. Lista de lecturas absorbentes y revistas de pasatiempos: me pasa siempre que cuando por fin puedo leer tranquila ya he olvidado qué libros me interesaban y acabo aburrida, fumando y mirando el móvil o con cualquier otro bodrio que cae en mis manos por casualidad. Cuando lleguen los tiempos muertos tendré a mano varios para elegir. También me gusta mucho echar el rato con crucigramas y sudokus, ahora ya no necesitaré hacer malabarismos con el boli, la revista y el cigarro.
  3. Deporte: ya busqué un gimnasio. En la playa y la piscina más nadar y menos baño de sol.
  4. Limpieza dental: esto lo hace la gente los primeros días después de dejarlo, pero en España me cuesta casi la mitad y es una motivación añadida.
  5. En casa de mi madre no entraré en el cuarto donde fuma y tendré siempre infusiones y chicles o caramelos a mano.
  6. Moderar el alcohol para no acabar piripi y deseando un cigarro. Beberé solo claras y tintos de verano, o alternaré con limonadas y té helado, que también me gustan mucho. Así mantengo el control sin pensar que me estoy quitando otra cosa más.
  7. Voy a contar a todos los familiares, amigos y conocidos que me encuentre que lo he dejado.

Otros aspectos de en mi vida podrían ir mejor, pero con el tema dejar de fumar estoy muy satisfecha.

11 semanas

Imagen de Anoia

Anoia

12/07/2018

Hace dos días escribí esto en mis notas:

La depresión horrorosa que me tenía como alma en pena desaparece poco a poco, sigo algo sensible, pero ya no parezco la Magdalena de Semana Santa ni voy mirando la vida pasar sin mucho interés. Mantengo firme mi voluntad de no fumar y ganas, lo que se dice ganas, no tengo, pero este dolor de mandíbula continuo me recuerda que la procesión va por dentro.

Creo que me irrita mi irritación por no sentirme libre, y también porque ahora sé que el cigarro nunca volverá a ser lo mismo, incluso si fumara de nuevo: ya no podría mantener la ilusión de controlar el consumo (reduje a 5 cigarrillos diarios los últimos años), ni podría decirme que el tabaco de liar no es tan malo para la salud, porque la mejora física de fumar "solo cinco" a ninguno ha sido asombrosa. Fumaría única y exclusivamente por no ser capaz de dejarlo y no es una frustración con la que quiera vivir. Aprieto los dientes y vivo cabreada conmigo misma porque sé que no hay vuelta atrás: fume o no fume, esto es lo que hay; puede ir a mejor mañana o puede durar meses.

Al día siguiente de escribir esto fui a la biblioteca a estudiar, como hago desde que lo dejé, porque en casa aún no consigo concentrarme, y tuve, al fin, un día relativamente productivo de estudio. Hoy noté que la tensión en la mandíbula se había reducido muchísimo y la conclusión, tan evidente, me ha inundado como una revelación: no es la tensión por no fumar lo que me dificulta estudiar, sino al revés; la preocupación por no acabar la carrera me produce ansiedad, que asocio automáticamente al tabaco.

El problema no ha desaparecido, pero de repente es algo definido, tiene cuerpo, origen y fecha de caducidad; ya no parece una especie de maldición llegada de no se sabe dónde. Ahora es algo que, mejor o peor, está en mi mano solucionar. Y eso significa que ahora yo tengo el control.

Es un alivio enorme lo que siento, pero sé que aún queda mucho por hacer. En agosto me esperan nuevos retos: volver a España, a todos los sitios donde siempre fumé, revivir la adolescencia, porque me quedo en "mi cuarto", con mi madre, gran fumadora; las terracitas, cerveza, playa, reencuentros, conciertos y cuatro copas de más... pero tengo ganas, me siento preparada. Ya he contado que vivo en un ambiente muy protegido y creo que debo enfrentarme a mi pasado y entorno fumador para seguir mentalmente adelante. También voy a dar la buenanueva a gente que aún no sabe que lo he dejado, porque temía recaer antes de agosto; entonces por fin será completamente "oficial". No sé, creo que si supero el verano el resto irá solo.

Empecé este camino un poco precipitadamente, muy concienciada sobre las dificultades del primer mes, que es prácticamente el único tema tratado en guías y métodos, pero sin saber realmente lo que se vendría encima después, capeando el temporal según iba llegando. Han sido unos meses terribles, de continuos altibajos, más melodrama latino que tragedia griega, más de tristeza contemplativa y frase de libro de autoayuda que de recitar a Goethe con la voz cascada por el sufrimiento, pero hoy todo eso da igual, porque por primera vez siento que voy a conseguirlo.

Diferencias entre el primer y segundo mes

Imagen de Anoia

Anoia

03/07/2018

Me gustaría comentar la evolución en los efectos negativos de dejar de fumar durante los dos últimos meses, como una forma de hacer balance y apreciar este cambio tan rápido pero que tan lentamente se vive:

Efectos psicológicos:

  • Ansiedad: menor, pero sigue ahí, como un invitado que se mete en la fiesta equivocada, mirando incómodo desde un rincón. No suelo mascar chicle ni caramelos, a veces me duele la lengua y es de tenerla presionada contra los dientes, pero no la vivo de forma consciente.

  • Necesidad de pensar día a día: ya no necesito limitarme psicológicamente al "hoy no fumo". Me he concedido un año y pensar en ese plazo no me genera la ansiedad terrible de antes. El "para siempre" aún no lo asimilo, pero ampliar el horizonte de un día a un año es un gran avance.

  • Sentimiento de duelo: ya no me siento abandonada, ni como si hubiera perdido un compañero de vida. Al contrario, me parece ahora un amigo traidor, de los que te apuñalaban por la espalda mientras fingían ayudar: ¿Y así paga mi confianza? Qué duelo, ni qué milonga. Derechito pa' la mierda ya, hombre.

  • Craving: si hablamos de ganas repentinas y muy intensas de fumar... cero. De verdad, nada.

  • Irritabilidad: del cabreo eterno a estar casi más serena que de fumadora, dentro de mi malhumor característico. Como sé que la irritación me incita a fumar intento cortarla rápido y el autocontrol que aplico a abstenerme sirve para no alargar la ira innecesariamente. Las respiraciones, el Chi Kung y todas estas cosas supongo que también habrán ayudado. Las discusiones con mi hija, carne de Hermano mayor, que siempre acababan conmigo fumando en el balcón por no soltarle una guantá han bajado varios grados en la escala de Richter.

  • Ganas de fumar: el primer mes eran agudas y ahora son crónicas. Sufro desde hace años dolores de espalda debido al sedentarismo y esto se le parece mucho: solo lo sientes cuando le prestas atención y un masaje o medicamento puede aliviarlo temporalmente, pero no desaparece nunca del todo y eso te va minando la moral. La solución a este problema no es el descanso sino todo lo contrario: ejercitar y fortalecer la musculatura para evitar la sobrecarga fácil. Me consuelo imaginando una especie de "músculo de no fumar", que solo se cura usándolo.

  • Depresión: o algo muy parecido e inconstante. Este es un síntoma nuevo, que surgió el segundo mes. Durante el primero, pese a las dificultades, sentía que lo estaba consiguiendo y cada pequeña victoria aumentaba mi determinación, con momentos de verdadera euforia, donde la propia ansiedad actuaba de carburante. Ahora lo que tengo es un estado de relativa normalidad acompañado de una enorme desidida y una facilidad asombrosa para coger cualquier leve pensamiento negativo y convertirlo en una presión insoportable en cuestión de segundos. Todo me hace llorar, todo. Nada me despierta verdadero interés. Desgraciadamente he visto la depresión en mi entorno y sé que enfrentar los problemas y forzarse a seguir activo es la única manera de evitar caer en esa espiral donde primero dejas de hacer deporte o evitas esa charla incómoda porque, uf, estando así quién los aguanta, y al final no puedes ni levantarte de la cama. Me animó leer en el foro una chica que había pasado algo parecido; creo que voy mejorando, pero no canto victoria.

  • Pensar en fumar: me refiero al proceso puramente intelectual por el que te autoconvences para, eventualmente, volver a fumar, que es distinto de las ganas. Las razones van cambiando con el tiempo, pero siempre son una especie de preparación mental para el desastre. Ya no me parece un esfuerzo heroico estar sin fumar y la mejora física es tan espectacular que es imposible racionalizar un recaída por esos parámetros; pero estar deprimido tampoco es estar sano. Al final una vuelve una y otra vez el verdadero terror original, el que disuade a todo fumador del intento y, sospecho, lleva a muchos a volver: ¿de qué me sirve vivir sana durante muchos años si no los voy a disfrutar? Esta línea de pensamiento intento siempre combatirla así:

  1. Hay una correlación estadística significativa entre fumadores y depresión, y otra entre dejar de fumar y depresión, pero no se sabe muy bien el porqué: ¿el carácter depresivo lleva a la adicción, la adicción lleva a la depresión o hay un tercer elemento común a ambos? ¿Dejar de fumar desenmascara la depresión o la provoca?. Esto evidencia que no hay verdadera certidumbre de que el problema se arregle fumando.
  2. Tengo dos opciones: vuelvo a fumar y quizás se vaya la depresión o sigo sin fumar y quizás se vaya la depresión. Es como con los kilos, sí, los has ganado al dejarlo, pero nada garantiza que los pierdas por volver,los testimonios dicen incluso lo contrario.
  3. Fumé durante 22 años y solo llevo diez semanas sin fumar, es absurdo pretender una recuperación inmediata, hace falta más tiempo: este año no fumo y el próximo ya veremos. 
  4. Si la situación se alarga o agrava existen tratamientos. No tiene sentido volver a fumar sin haber explorado primero otras soluciones.

Efectos físicos:

De las ventajas no voy a decir mucho porque son las evidentes y todos las notamos, aunque las más importantes son las que nunca podremos apreciar realmente: menor probabilidad de contraer enfermedades terribles y ganar una década a la muerte (buscad las gráficas de los estudios sobre esperanza de vida de fumadores, no fumadores y ex-fumadores, son aterradoras). Ahora mismo quizás la consecuencia más importante es que dedico mucho más tiempo a cuidarme y eso potencia todos los beneficios, físicamente me siento mucho mejor, más fuerte

Mis hitos personales: 25 minutos de carrera continua por primera vez en años (¡respirando por la nariz todo el tiempo!) y, como cosa inesperada, las encías: yo fumaba aspirando siempre por los dientes de abajo y los veía amarillear, pero hasta el día que lo dejé no empecé a examinar toda mi boca con atención. Las encías bajo el labio inferior tenían un color horroroso, entre morado y negro, mientras el resto se veían sanas y sonrosaditas ¡el dentista nunca me había dicho nada!. Ahora el área oscura se ha reducido muchísimo, solo quedan dos pequeñas manchas que espero también desaparezcan con el tiempo.

El estreñimiento ha desaparecido hasta el que ya tenía crónico antes de dejarlo, que no era pequeño. Aún no me acostumbro a ir al baño sin lectura.El hambre la ahogo a base de infusiones, también compenso mucho los momentos de "vacío" con chocolate. He subido 4 kilos desde que lo dejé sumados al sobrepeso previo y pese al ejercicio. Quiero pensar que están bien distribuidos, porque la verdad es que ni me los veo en el espejo ni he subido de talla, debe ser que me miro con buenos ojos.

2 meses

Imagen de Anoia

Anoia

26/06/2018

Los problemas de concentración que tanto me preocupaban no se han ido pero sí mi urgencia por resolverlos. Pasados los plazos sin entregar los correspondientes trabajos una simplemente lo acepta, se alaba por lo que sí llegó a hacer dadas las circunstancias e intenta salvar los muebles. Al fin y al cabo nada de lo hecho se ha perdido y aún puedo retomarlo en unos meses. Lo que queda aún para septiembre requerirá más horas de las esperadas, pero saldrá.

De la meditación y la respiración poco resultado obtuve, requería tanto esfuerzo intentar relajarme, controlar el aire y al mismo tiempo no pensar en nada que enseguida sentía que lo estaba haciendo mal y me ponía de los nervios. Sigue siendo muy útil el deporte, aunque con resultados menos espectaculares que los iniciales; me cuesta motivarme, pero cuando lo hago vuelvo a casa como nueva.

Al final funciona lo de siempre: fuera distractores, sentarse "comido, bebido y meado", un sitio fijo, tranquilo y silencioso, temperatura adecuada, planificación realista, con más tiempo del que uno piensa que necesita, etc. Ya había eliminado mis cuentas de Twitter y Facebook y silencié el resto de notificaciones, pero ahora además sólo miro el correo una vez al día e intento coger el móvil para cosas concretas; nada de tontear indefinidamente, sólo navego durante el desayuno y la infusión de la noche.

También me obligo a leer otras cosas que no sean de la carrera, y, esto ha sido importantísimo, a dedicar media hora seguida exclusivamente a esa lectura. Es increíble la de veces en apenas 30 minutos que llega el tirón para hacer otra cosa: mirar al infinito, ir por un vaso de agua, buscar en internet información de algo que estoy leyendo, comentar el libro a mi marido, cerrar la ventana porque refresca o mandar a la mente de paseo con los ojos fijos en la página. Querer fumar es solo una de tantas. Ahora estoy leyendo una obra de divulgación científica algo compleja y me fuerzo a volver atrás una y otra vez hasta estar segura de que entiendo todo.

Dejar el tabaco para mí está implicando un cambio de hábitos en cadena que parecen muy pequeños pero acaban siendo radicales, hasta el punto de recuperar cosas que ni siquiera sabía que había perdido. Hace cinco años di de baja mi coche, y con él el único lugar en el que aún conectaba la radio o un cd, porque el transporte público es demasiado ruidoso. Pese a tener un servicio de streaming en el móvil ni se me había ocurrido usarlo hasta que salí a caminar con una lista de canciones para no aburrirme. Estaba tan habituada (y agradecida) a este silencio alemán que ni se me pasaba por la cabeza tener "música de fondo". Ayer la escuché bien alta mientras cocinaba y disfruté, no sólo de cocinar -que llevaba tiempo convertido en una penosa obligación llamada "hacer de comer"-, sino de una alegría traída de conciertos y festivales, de tantas horas felices de mi vida, que comprendí cuánto la había estado necesitando sin saberlo. Y pensé que a lo mejor no es que la vida sea aburrida o carezca de sentido sin tabaco, sino que yo la había ido vaciando de contenido, tapando aquellos nichos con una cortina de humo.

En mis viejos diarios de la veintena reluce aquí y allá un sentimiento recurrente "pierdo el tiempo sintiéndome culpable por perder el tiempo". Tenía entonces mis razones: curro de mierda, mini-habitación en un piso compartido, nada de dinero, fracaso total en la universidad, problemas familiares, relaciones sentimentales fallidas, amistades poco convenientes y me evadía en la lectura, el alcohol y otras cosas, fumando un pitillo tras otro, hasta 40 por día. Estaba, eso sí, la emoción de la adultez recién estrenada y un futuro luminoso, cuando aún no sabía que mi tierra se erigía sobre una falla económica y social que arrojaría a millones al abismo. Hoy, tan moderada y responsable, en este piso tan grande, en este país tan rico, sin necesidad perentoria de currar en lo que sea, sin vacaciones en New York, pero con la nevera llena, vuelvo a sentirme culpable por ofrendar mis horas de vida a la Nada y pienso en fumar; pero hago memoria y veo que esto no es nuevo. Como en el cine de fantasmas: ¡Era yo! Siempre fui yo.

48 días

Imagen de Anoia

Anoia

13/06/2018

Ohmmmmmmm...

  1. La vida es básicamente dolorosa

  2. La causa del dolor es el deseo

  3. Se elimina el dolor eliminando el deseo

  4. Sólo se puede extinguir el deseo siguiendo el camino de las Ocho Vías: corrección de opinión, intención, habla, acción, vida, esfuerzo, atención y concentración.

Cuando aprendí estas cosas en el instituto basculaba entre la indignación y la chirigota, con aquellas conversiones en masa tras Richard Gere y la farándula noventera. No me percaté entonces de lo que ahora me parece cristalino: Siddharta estaba dejando de fumar. Y aquí estoy, con mi ateísmo completamente intacto, eliminando el deseo por la Vía de la Corrección, eso que el amigo Wallace.01 con mucho tino denominó "mutar de Simpsons a Flanders": comida sana, cremita facial, respiración profunda, meditación, mindfullness, relajación muscular progresiva, pilates, yoga, Chi Kung, libros de autoayuda... me he transformado a lo ninja y sin llegar a los cuarenta en un cliché andante: Señora Mayor Con Mucho Tiempo LibreTM, con su bici de paseo, su esterilla de foam, sus infusiones y hasta sus sofocos, por obra y gracia de este pobre cuerpo mío donde, no sé si por el humo o los genes, hace ya casi un lustro que los estrógenos se dieron a la fuga.

¿Y tanto circo para no fumar? Ciertamente no hace falta, pero, como esas doñas con el nido vacío, una empieza a sospechar que se ha estado perdiendo algo, que ha vivido demasiado tiempo hacia fuera, pendiente de los demás, y decides mirar, como Unamuno, no adelante, sino adentro. Podría ser exactamente la misma persona, con las mismas costumbres, sólo que sin fumar, pero tengo tantos planes y tantas ganas de reunir fuerzas para cumplirlos que voy como un niño chico con un palo, a todo le atizo por ver si suena.

Me prometí que 2018 sería mi año, por tres motivos:

  1. En 2018 volvería a hacer deporte y comer bien, recuperando así un peso saludable.
  2. En 2018 terminaría los estudios que empecé, literalmente, el siglo pasado
  3. En 2018 dejaría el tabaco.

Sobre 1: hago deporte e intento comer bien, pero ya recuperé cuatro de los cinco kilos que había perdido. Sobre 2.: se acaba el plazo para entregar el Trabajo de Fin de Grado y me veo totalmente incapaz de concentrarme. De ambas cosas culpo al no fumar, lo que hace tambalear el punto 3., aun sabiendo de sobra que la causa es el haber fumado en primer lugar.

Vale, no es un drama, puedo postergarlo ooootro año más mientras me recupero; pero no me gustaría asociar mi primer año de abstinencia a dos fracasos, a este lastre físico e intelectual que me impide cerrar etapas.

Y si me fumara un cigarro.... ¿qué pasaría?

Que en lugar de dos tendría tres fracasos.

Ohmmmmmm....

5 semanas 3 días

Imagen de Anoia

Anoia

03/06/2018

Temo que no tengo más notitas diarias que transcribir, pues las obligaciones y la lectura consumen todo mi tiempo. Estoy viviendo un periodo de enorme estrés debido a exámenes e inaplazables entregas de trabajos que, sumado a otros problemillas previos, me impiden el adecuado ejercicio de introspección diaria que ahora se transforma en reflexión dominguera. 

Lo positivo: ya he vivido varias situaciones, tanto placenteras como estresantes, que he superado bastante bien sin fumar. Desde que empecé me han ayudado mucho varias cosas:

  1. Infusiones: muchas y variadas, a todas horas, a ser posible sin cafeína/teína, aunque sigo tomando mi café mañanero, todo sin azúcar. Frutos secos, chocolate con el mayor porcentaje de cacaco disponible y palitos de zanahoria con una salsa de yogur cremoso natural y eneldo. El peso sigue ahí, ahí, algún homenaje amenazó con subir de los tres kilos pero parece que se mantiene.
  2. Ejercicio: también variado, al menos 5 horas a la semana, relativamente suave, que son muchos años sin moverme. Aún no pongo a prueba el fondo, pero mi elasticidad y fuerza mejoran por momentos. No quiero parecer una obsesa y sé que esto ya lo dije respecto a la capacidad pulmonar, pero ¡cómo mejora el sexo!; ni "ponte asá, que pesas mucho", ni un tirón traicionero, ni nada.
  3. Lectura sobre tabaco y adicción: en esta mi obsesión investigadora voy poco a poco reuniendo una pequeña base de datos sobre tabaquismo que me gustaría compartir y comentar más adelante. Los antiguos blogs de esta página también están llenos de testimonios estupendos, algunos con muy buena calidad literaria. También leo sobre técnicas de relajación y de control de las emociones, mi asignatura pendiente es ponerlas en práctica de manera sistemática para que sean realmente efectivas cuando las necesite.
  4. Expresión de sentimientos / aburreovejas: escribiendo un diario, pero también conversando con mi marido y mis amistades, o incluso con mi hija, a la que he soltado unas chapas impresionantes para que no empiece a fumar, ahora que se acerca a la edad en que yo lo hice.
  5. Lo que llaman "enriquecimiento ambiental": Un entorno de cero tabaco por una parte, que ahuyenta los estímulos para fumar, y una gran variedad de actividades alternativas agradables: el mencionado ejercicio, crucigramas y sudokus, escuchar o tocar música, una conversación, tomar el sol, bailar, ir al parque, eventos al aire libre, excursiones, cine... Tengo unas cuantas actividades de recambio por probar, como tejer o hacer ganchillo (nunca aprendí) o libros de estos de pinta y colorea con mandalas u otros diseños, que ahora se llevan mucho entre adultos...

Lo negativo: Tras 38 días sin tabaco (tan poco y parece que hubiera pasado una eternidad) sólo puedo decir que las cosas siguen más o menos igual que hace dos semanas. Psicológicamente atravieso un momento de, llamémoslo resignación. Me resigno a no fumar como si padeciera una enfermedad terminal u otra "causa de fuerza mayor" semejante que me lo impidiera. Me resigno a no fumar como me resignaba a fumar cuando quería dejarlo pero no me atrevía a intentarlo, como quien se resigna a morirse algún día... porque es inevitable.
El cómo he llegado a esta conclusión, siendo mi única y exclusiva decisión el dejarlo, dependiendo sólo de mí encender otro cigarro, es un misterio. Quizás necesito creerlo para justificar mi propio camino: si lo dejé porque quise eso significa que también fumé 22 años porque quise; mejor una versión en la que primero fui víctima de una adicción incontrolable y después de la necesidad de abandonarla. Vivo sin tabaco como si fuera el producto de una renuncia irrevocable de la que no hubiera sido plenamente consciente. ¿Que quiero fumar? pues me digo que no, que no puedo, que ya no, que qué le vamos a hacer, que qué remedio. Y sé que no es la mejor actitud, pero ahora mismo es la única que vale.

Distribuir contenido