8 meses sin tabaco...

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Anoia

28/12/2018

...y dos con el café bajo mínimos, mi idea de bombero en noviembre, cuando el cigarro parecía controlado pero la cafeína iba en aumento. Me he vuelto muy sensible a cualquier indicador de adicción y veo que aún tengo que esforzarme para no llenar viejos vacíos con nuevos excesos (café, chocolate, comida en general) o actividades huecas (jueguitos del móvil, pasatiempos, tontear por internet), que están bien para entretenerse un rato, pero son como los dulces, que no llenan ni nutren y además tienden a ocupar el espacio de otros alimentos necesarios. Así que, aunque no es en absoluto como dejar el tabaco (dolor de cabeza, nerviosismo y mucho, mucho sueño) el síndrome de abstinencia de la cafeína sí ha desencadenado una especie de flashback de los primeros meses sin fumar.

Entro en esa fase que algún forero llamó "de desencanto", porque ni he conseguido conservar todos los cambios que introduje en mi vida mientras lo dejaba, ni me siento ya una semidiosa émula de los mismísimos trabajos de Hércules. Por todo ello quizás no soy la mejor animadora, pero como se han incorporado "nuevas generaciones" y seguramente muchos os planteáis dejarlo el uno de enero, me siento en la obligación de ofrecer algunas palabras:

Lo obvio, pero que uno nunca se termina de creer: se puede. Esta web esta llena de testimonios que lo demuestran. Llevo ocho meses sin fumar después de 22 años haciéndolo, lo he dejado a la primera, sin parches, medicación ni sistemas alternativos; me ayudaron el conocimiento y la experiencia compartida que podéis encontrar aquí y en otras webs, la búsqueda continua de recursos personales para afrontarlo, el apoyo de personas cercanas y, quizás, animarme en un momento apropiado (no el momento, no hace falta esperar a que venga el fantasma de las navidades futuras) cuando me empezaba a preocupar por mi salud a largo plazo y estaba cansada de "controlarlo" y jurarme que ya lo dejaría del todo a los cuarenta.

No os voy a mentir, no es fácil, parece eterno a veces pero, visto objetivamente, el tiempo que tardas en recuperar cierta normalidad es mínimo en comparación con todos los años que hemos fumado. La mejora no siempre es gradual, habrá picos y valles, basta con asumir que esto es así y no significa necesariamente que estemos "haciéndolo mal". No hay que abandonarse a la autocompasión (cómo sufro, cuándo se acabará esto, por qué a mí me cuesta tanto y a otros no, etc.) pero tampoco engañarse o sucumbir a ideas preconcebidas: que si por mis cojones, que esto es así o asá porque lo leí en un libro o me lo dijo la bruja Lola, que si se pasa mal x días, se sufre toda la vida o no se sufre en absoluto, que es imposible recaer porque ahora lo llevas bien...

La lectura de los blogs, en todo caso muy recomendable, puede dar la falsa impresión de que esto es o fiesta permanente o sufrimiento interminable; o que si te identificas más con algún usuario que no lo consiguió significa que tú tampoco lo harás. Hay que entender las bitácoras personales como lo que son, diarios destinados a hablar de aquello que nos afecta en relación con el tabaco y buscar apoyo en horas bajas; no es habitual ponerse metafísico cuando te sientes el rey del mambo. Casi parece que fuera incompatible disfrutar de la vida "ahí fuera" y venir aquí a contarlo.

Noto también que los que aterrizamos con el gusto de darle a la tecla ya adquirido tendemos a la introspección, al drama queen o, los más cerebrales, a intentar racionalizar lo que desgraciadamente es irracional. En eso nos convierte la adicción, seres irracionales, incapaces de pensar con claridad sobre nuestro propio comportamiento autodestructivo, arrastrados o por la negación o por la culpa. A largo plazo es imposible ganar contra uno mismo, por eso es importante aprender a negarnos la batalla, cambiarnos de tema, aligerar la azotea, ser incluso más "superficiales" por un tiempo, o dedicar nuestras neuronas a aquello que nos aporte verdadera satisfacción intelectual y no frustración emocional.

Pero cuando se está a punto de dejarlo toda esta información está de más, porque sólo hay un obstáculo real, único y enorme: el miedo. Miedo a no poder, a no saber, a ser débil, a que sea demasiado tarde, a que no sirva para nada, a que no nos entiendan, a cambiar, a resultar menos atractivos, interesantes, duros, rebeldes, graciosos, alternativos o bohemios, a convertirnos en el sosainas timorato que no hace nada peligroso, el borrego que sigue a la masa, el runner vegetariano obsesionado con la salud o, horror de horrores, el temido "exfumador talibán" que te da la chapa para que lo dejes. Miedo a que nada vuelva a ser lo mismo, miedo, en definitiva, a perder algo a lo que nunca debimos dar el poder de conformar nuestra identidad.

Para ellos este fragmento de la novela Dune, muy apropiado para la ocasión, la "Letanía Bene Gesserit contra el miedo":

No conoceré el miedo.
El miedo mata la mente.
El miedo es el pequeño mal que conduce a la destrucción total.
Afrontaré mi miedo.
Permitiré que pase sobre mí y a través de mí.
Y cuando haya pasado, giraré mi ojo interior para escrutar su camino.
Allí por donde mi miedo haya pasado ya no quedará nada, sólo estaré yo.”

1 comentario

No lo has podido explicarlo mejor. Genial cada vez que me venga la idea mirare lo que has escrito. Gracias por la gran ayuda que me has aportado.

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Enviado por Cris1 el Jue, 10/01/2019 - 16:48